RICKY CUMPLIÓ AÑOS
Ha llovido mucho desde que le ví jugando al baloncesto en Búbal, cuando lo de las reconstrucciones, si hombre, ¿no te acuerdas?. Bueno en realidad, yo no estaba allí, pero años después tuve ocasión de pasar de BETA a VHS una de esas cintas de video memorables, que no sé quién tiene, pero que me gustaría que no se perdiesen. Allí le conocí.

Para qué te voy a decir otra cosa; de aquella ya estaba el chaval un poco p'allá. Pero desde luego no más p'allá que Paquito, Oscar, Nando o yo mismo. Había ganas de cachondeo y la pasta justa. Fueron años en los que reíamos más.
Un día fuímos a mear al campo y nos encontramos con unos colegas de su mili, ya sabes el típico acampedo. Cuando eres capaz de compartir unos buenos cuescos judieros en un tienda de campaña canadiense, cuando empiezas a pillar semejante adobo, te das cuenta de que estás empezando a coger cierta camaradería.
Pasaron los años, Ricardo conoció a una chica muy maja y muy auténtica, a la que quiero bien, y finalmente se casó. Yo estaba allí y lo ví. Me alegré mucho por él, por ella, porque mirándoles sabía que eso era exactamente lo que querían hacer. Era sencilla y aplastantemente complicado: se querían y punto. Grandioso.
Desde aquel día de Búbal, tengo la inmensa suerte de poderle frecuentar. Me abrió las puertas de su casa y las de su corazón, y creédme si os digo que se está calentito.
Está en la mayor parte de mis momentos felices, que últimamente son pocos, y eso me mola mucho.
Yo le quiero un montón y por eso le dedico este post.

