Estaba esperando el momento oportuno para poder decir lo que quería. Lo cierto es que no me sentía con ánimos de hacer epitafios de tres al cuarto, pobres y sin sentido aparente.
Parece mentira, pero que te escuchen es algo que no todos saben valorar. Sobre todo cuando no puedes hablar con claridad. Todo el mundo abre la boca para escucharse sus cosas, pero es reconfortante saber que alguien está oyendo lo que dices.
Uno va por ahí, andando, y al final siempre se encuentra gente interesante, para bien o para mal. En el caso de M. fue para bien, para muy bien. Me ha dicho un lindo pajarito que ha tenido algún que otro problemilla, pero de todo se sale, y a M. le sobra espíritu para ello.
Si la humildad es una virtud, que no lo sé, M. sería la reina de la virtud. Espero que le vaya muy bien, dondequiera que esté, y estoy seguro, creo, de que la vida la recompensará por dejar esos retazos de buen rollo que son una perla en bruto hoy en día.
La echo de menos. Es lo único que puedo decir.


Chato, estás más místico que el olivo en sus tiempos...