Para los que somos de ciudad, hay algunas ocasiones en que nos sorprendemos a lo tonto. Inconscientemente caemos con frecuencia en el mismo error en que también caemos los occidentales cuando estamos en presencia de orientales: creer que somos mejores que ellos.

Pero pasado ese momento de ofuscación en el que los de ciudad nos creíamos que eramos mejores que los de pueblo, la sangre empieza a penetrar en el tejido cerebral, y empieza a irrigar la materia gris. Unos de esos raros momentos, ya digo.

Que a estas alturas de la película, creamos que podemos ridiculizar la forma de expresarse de la gente del campo, es muy poco inteligente, cuando sabemos a ciencia cierta que la naturaleza, la calidad de vida, la autenticidad y otras virtudes son patrimonio del medio rural.

Yo no pienso caer en ese error. Sólo quiero reirme un poco. Mirad a ver si vosotros podéis.

Y un respeto, que peligra la vida del artista.